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El mundo después de WhatsApp

El universo de las apps de mensajería instantánea crece y florece, en base a una oferta bastante unificada y escasas novedades. A la hora de elegir, le proponemos una guía para diferenciarlas

El mundo después de WhatsApp

Que los celulares cada vez sirven menos para aquello para lo que fueron inventados, es decir, hablar por teléfono, es un hecho. Y buena parte de la bienvenida culpa la tienen las aplicaciones de mensajería instantánea, encabezadas por la ahora billonaria WhatsApp, pero también por otras como Viber, Line, Tango, Kakao Talk y hasta la nueva Telegram. Estas apps se hicieron populares porque básicamente no consumen minutos del plan del celular o de la tarjeta prepaga sino unos pocos bytes de internet, no importa qué tan pesados sean los mensajes de texto, fotos, audios o videos que se envíen.

Desde que hace pocos días se anunció la compra de WhatsApp por parte de Facebook (por US$ 19.000 millones), comenzaron las hipótesis de si el servicio -que se ha mantenido casi incambiado desde que surgió en 2009- será modificado. La aplicación se había hecho famosa por sus millones de usuarios (450 según las últimas cifras) pero también por su filosofía muy a lo internet del flower power: compartir y no cobrar. Sus fundadores prometieron no usar nunca publicidad, y hasta ahora lo han cumplido, además de cobrar poco o nada por el uso del servicio.

En el cada vez más extenso mundo de las apps de mensajería, las funciones se repiten y las características novedosas o únicas son escasas. La diferencia parece estar, casi siempre, en agregados tales como emoticones, fondos de pantalla, juegos y hasta stickers, que apuntan al creciente público adolescente que ha invadido estos servicios en busca de la aparente privacidad que ya no encuentran en las redes sociales.

Casi todas estas apps funcionan con la misma lógica. Se basan en la libreta de contactos del usuario del celular para identificar a quienes ya la tienen instalada en sus smartphones. Todas habilitan mensajes de texto vía internet; la mayoría también deja enviar fotos, algunas video, contactos y hasta mapas de ubicación. Solo unas pocas permiten hablar “en vivo y en directo” y esta parece ser la innovación a la que ahora todas apuntan, incluyendo a WhatsApp que anunció esta semana que habilitará las llamadas.

Sube y baja

La venta de WhatsApp, pero sobre todo la interrupción que afectó a este servicio durante buena parte del sábado 22 de marzo, al final fue una buena noticia para algunos de sus competidores, sobre todo Telegram y Line. La primera, una app creada en agosto de 2013, sumó casi cinco millones de usuarios, según anunció la propia empresa vía Twitter. Es un éxito importante para una compañía que hasta octubre de 2013 contaba unos 100.000 usuarios activos por día.

Claro que la popularidad le juega malas pasadas a todo el mundo. Durante el fin de semana de “desgracia” de WhatsApp, Telegram también tuvo que lidiar con problemas técnicos, porque sus previsiones de un millón de nuevas cuentas por día subió de repente a cinco, lo que hizo caer el servicio por un tiempo.

Telegram tiene un gran parecido a WhatsApp, no solo en sus funciones sino también en su filosofía: sin avisos. Esto no se repite en muchas de las restantes aplicaciones, que cuelan publicidad ya sea en forma de avisos o de molestas ofertas de juegos que aparecen a cada instante. Tampoco incluye ningún tipo de tienda con ventas de temas, stickers y emoticones, entre otras cosas.

Todo lo anterior es de alguna manera posible gracias al ancestro común que comparten estos servicios, Skype, el que abrió el camino para la comunicación masiva vía internet. Hoy sigue haciéndolo desde la propia computadora pero también en forma de app, para casi todo tipo de plataforma móvil. Luego de que fuera comprada por Microsoft, es posible comunicarse con cualquier persona que autorice el contacto (o viceversa).

Antes de Skype, pero sobre todo antes de WhatsApp, el reinado era de los SMS y por lo tanto de las compañías teléfonicas, que cobran cada vez que se envía uno. Imagine la cuenta de su hijo adolescente si la comunicación que ahora realiza por WhatsApp o por cualquier de las otras apps de mensajería, fuera hecha vía SMS. Una comunicación que, fácilmente, puede llegar a 5.000 mensajes mensuales. Imagine y alégrese.

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